De Amor, Amantes y Amigos

Revista de amor y Relatos de amor

EL AMIGO KINDER (MENUDA SORPRESA)

EL AMIGO KINDER (MENUDA SORPRESA)BIS

Habían pasado alrededor de cuatro meses desde que Marian cortara con su pareja, tras descubrir que éste le ponía los cuernos con una compañera de trabajo. Los tres primeros se los había pasado llorando, sin ganas de hacer nada más que flagelarse a sí misma recordando aquel momento en el que, aprovechando que él no estaba en la habitación, y tras varios días de sospecha, se decidió por fin y abrió su móvil.

Sin embargo, aquel lunes de junio, y a punto de cumplir los 31, se levantó dispuesta a sacarse a sí misma del hoyo en el que estaba metida. Después de unas vacaciones de lo más divertidas con unas amigas, por fin volvía a ser ella.

Una tarde de café y tabaco, me contó que se marchaba a pasar el fin de semana a casa de unos amigos de su ex que vivían en Cádiz. Se trataba de una pareja con la que habían coincidido en un par de ocasiones. Rodrigo (el ex de Marian) y Arturo se conocían desde hacía algo más de diez años y se veían cuando alguno de los dos se desplazaba a la ciudad en la que el otro residía.

La última vez que Arturo había estado en Madrid se trajo a su nueva conquista, Judith, una catalana simpatiquísima con la que Marian conectó enseguida. Después de enterarse de la ruptura, la pareja no tardó en posicionarse a favor de Marian y el propio Arturo le transmitió su enfado y desaprobación por el modo en el que Rodrigo se había comportado con ella:

–          Es un sinvergüenza Marian. Lo que te ha hecho, simplemente no tiene nombre. Tienes que salir adelante, volver a creer en ti misma y recobrar la confianza, porque no todos somos así. (porque no todos somos así, porque no todos somos así…. Vaya frase, pensaría más tarde.) Tienes todo nuestro apoyo porque yo, de momento, no quiero saber nada de él. Ven a vernos cuando quieras y llámanos cuando lo necesites.

Que Judith le apoyara no le sorprendió demasiado, ya que, incluso cuando la chica no te cae bien, que no era este el caso, siempre que te enteras de unos cuernos, el género femenino, de repente, y en contra de lo habitual, tiende a sacar las uñas y a empatizar con la víctima, pensó. Sin embargo, lo de Arturo le conmovió de verdad, así que pensó que le vendría bien un fin de semana con los que ahora consideraba “SUS amigos”.

Otro domingo perdido, de resaca y remordimiento. Mierda, ¿dónde he puesto el móvil? No puedo haberlo perdido otra vez. Ah no, menos mal, aquí está, pero como siempre, apunto de que se le acabe la batería. Lo enciendo y casi me arrepiento: 8 llamadas perdidas, casi todas de Marian. Pero, ¿qué habrá pasado? Busco el cargador. Definitivamente soy un desastre. Tengo que ser más ordenada, tengo que ser más ordenada, me repito mientras buceo en mis bolsos con la conciencia dividida, entre lo que debería hacer (encontrar el cargador, encender el móvil y llamar a una amiga que, por su insistencia, me necesita con urgencia), y lo que me apetece hacer, que no es otra cosa que volver al sofá y dormir hasta mañana. ¿Será que mi subconsciente me está guiando por los lugares erróneos para no encontrar el puuuuuuuuñetero cargador y tener así la excusa perfecta para no llamar a Marian?

Marian era de esa clase de personas que, cuando quería contarte algo, no se limitaba a darte los titulares, sino que tenía la necesidad de relatártelo todo al detalle. La verdad es que era una de mis amigas más divertidas y siempre le estaban sucediendo cosas. Lo vivía todo con una intensidad y una pasión que yo envidiaba y admiraba. Sus historias me entretenían y, tengo que reconocer, me rescataban en muchas ocasiones de mi aburrida rutina. Además, siempre ha estado a mi lado cuando la he necesitado.¡¡¡¡ Bien!!!! Aquí está el cargador.

Sabía que los próximos 40 o 50 minutos, con toda seguridad, iba a estar con la oreja pegada al móvil, y teniendo en cuenta que ese mismo tiempo, el móvil debía estar en un enchufe, busqué el más cercano al sofá, me abrí una cerveza fresquita, me encendí un cigarro y puse M80 radio de fondo. Nada como la música de esta emisora para ambientar cualquier situación. Con I will survive de Gloria Gaynor sonando bajito, llamé a Marian. ¡Vaya! Ley de Murphy, apagado o fuera de cobertura en este momento y en el de diez minutos más tarde también. Voy a por otra cerveza, o no, mejor no, que todavía colea la resaca. ¿Era el zumo de tomate o el de naranja lo mejor para mi ritmo a 2 por hora? Agua, sólo me apetece agua. Vale, ahora sí, da llamada:

-Marian, Marian, ¿me oyes? Soy yo. ¿Estás bien? No, no te oigo, o mejor dicho, te oigo a trompicones. Ahhhhhh, que vuelves en el tren. A ver ahora, no, no, sigo sin escucharte claro. ¿Tú me oyes bien?; Vale, pues dime, ¿a qué hora llegas?; ¿a las 6? Pero entonces ¿estás llegando?;  Mira, no te oigo. Vente para casa y me cuentas. Tranquila, no, no voy a salir. Ya sabes, domingo de siesta y sofá. No te preocupes, vente, en serio, te noto nerviosa. Preparo algo de cenar y te quedas a dormir si quieres, ¿de acuerdo?

Efectivamente. Tres cuartos de hora después, al otro lado del telefonillo, Marian sonaba inquieta. Cuando abrí la puerta, me sorprendió abalanzándose sobre mí con un abrazo que me cortaba la respiración.

–          ¿Pero qué te ha pasado?;  ¿Cómo es posible que en un fin de semana te haya ocurrido algo tan grave como para volver en estas condiciones?; Anda, pasa, nos tranquilizamos un poco y me cuentas. ¿Te hago una tila? ¿Qué te apetece tomar?

–          Un Brugal con Coca cola bien cargadito, por favor. Necesito algo fuerte.

–          Toma ya, ¿estás segura? Mira que es domingo y mañana hay que currar… En fin, siento no acompañarte con el cubata pero anoche me bebí el agua de los floreros. Pero cuéntame, ¿qué te ha pasado?

Marian y yo nos sentamos, y después de beberse el Brugal prácticamente de un trago, ante mi atónita mirada, comenzó su relato. Necesitaba el cubata, según ella, para desdramatizar las cosas y encontrarle el lado divertido. Esa era una de las cosas que me encantaban de Marian. Le pasara lo que le pasara, tenía una fuerza impresionante que le hacía resurgir de sus cenizas. Según ella, su mejor psicólogo era el Duo Dinámico con su Resistiré: “Soy como el junco que se dobla pero siempre sigue en pie”. Venía con la cara lavada y sus expresivos y enormes ojos negros, que siempre potenciaba con sombras ahumadas convirtiendo su mirada en su principal arma de seducción, hoy se mostraban hinchados y llorosos.

–          No he dormido en toda la noche. Todavía no salgo de mi asombro. Cuando te lo cuente, vas a flipar.

–          A ver, basta de preámbulos Marian, que me tienes en ascuas.

–          De acuerdo. Vamos allá. El viernes Judith fue a buscarme a la estación. En cuanto llegué, me di cuenta de que algo había cambiado. Sabía que no era conmigo, pero ella estaba distinta. Tendrá un mal día, pensé. Nos fuimos directamente al bar que Arturo había alquilado unos meses atrás. No estaba muy céntrico pero al encontrarse cerca de la estación, sólo tardamos algunos minutos en llegar. Arturo me recibió con un efusivo y cálido abrazo que sentí algo exagerado, pero que agradecí. Me presentaron a unos amigos y después de una distendida charla y un par de mojitos, Judith y yo nos recogimos, porque Arturo no cerraba hasta tarde. Durante el camino de vuelta a casa, Judith me contó que el domingo ella también tenía que ir a la estación de tren, ya que se marchaba unos días con una amiga a Marruecos. No le di importancia. Simplemente pensé que como Arturo tenía que quedarse en el bar, ella iba a aprovechar sus vacaciones para darse un homenaje y hacer una escapada. No sé a qué hora llegó Arturo esa noche a casa, pero la mañana del sábado, cuando me desperté, él ya se había marchado y Judith y yo nos fuimos a la playa. Una vez allí, y después de compartir con ella las anécdotas de mis terapéuticas vacaciones, sin entender muy bien qué me había perdido, Judith comenzó a llorar. Pero si lo que te he contado es super divertido, ¿estás bien? ¿qué pasa?, le pregunté mientras le ofrecí mi último Klinex. Judith me confesó que las cosas con Arturo no iban tan bien como yo creía. Al parecer, desde que había abierto el bar, su relación se había enfriado. Volvía a las tantas, y algunas noches, ni siquiera aparecía por casa. Sus horarios eran incompatibles y en ocasiones pasaban días sin verse. Tenía serias sospechas de que Arturo le estaba engañando, no sólo con otras chicas, sino algo mucho peor. Estaba convencida de que había vuelto a coquetear con las drogas. Suponía que todo había empezado de una forma inocente, con el fin de mantenerse despierto y mitigar el cansancio que le producía estar tantas horas detrás de la barra, pero lo peor de todo, o lo que ella no soportaba, era que él no admitía nada y se cerraba en banda cada vez que Judith trataba de hablar del tema. Lo que me llamaba la atención era que a la cuestión de las posibles infidelidades, prácticamente no le diera importancia, como si lo tuviera asimilado. Es curioso que la misma Judith, días antes cuando se enteró de lo mío, machacase a mi ex del modo que lo hizo. En fin…..lo de la paja en el ojo ajeno.

Sólo vimos a Arturo cinco minutos cuando volvimos a casa, pero no sé muy bien por qué, dedujo que Judith me había contado algo porque se mostró distante y huidizo. Volvió a marcharse y como Judith y yo teníamos que madrugar para ir a la estación, nos fuimos pronto a la cama. Y ahora viene lo bueno. ¿estás preparada?

-Claro, sí, continúa.

Me habían dejado para mí sola la otra habitación, en frente de la suya, con una cama nido y un armario, que tenían destinada para los invitados. Hacía bastante calor y como sabes, tengo por costumbre dormir sólo con mis braguitas, y como además tenía la habitación para mí sola, me tapé con la sábana y me dormí enseguida.

Debían ser las 4 de la mañana aproximadamente (porque luego miré el reloj), y sentí cómo una mano me rozaba la cara y el pelo y cómo susurraban mi nombre. No daba crédito. Cuando abrí los ojos, a través de la tenue luz que ofrece una noche con luna llena, presentí la figura de Arturo sentado en mi cama. Me estaba observando como si nunca me hubiese visto. Me asusté y sujetándome el pecho con la sábana, me incorporé y le pregunté si había ocurrido algo y si Judith estaba bien. Sí, sí, no te preocupes, está durmiendo. Ya, pero tú, ¿qué haces aquí?

–          Acabo de llegar Marian. No estoy bien, ¿sabes? (¿No me digas?, pensé) Y no tengo a nadie con quien poder hablar. Judith tiene a sus amigas y estoy convencido que hoy se ha desahogado contigo, pero yo, ¿a quién le cuento lo que me pasa?, y se puso a llorar. (Pues ahora sí que ya no me quedan más Klinex)

Me di cuenta de que se había tomado algo más que unas cervezas. El olor de su aliento inundó la pequeña habitación en pocos minutos. El susto del principio dio paso a la pena que me provocó verle así, y no se me ocurrió decirle que fuésemos a hablar al salón, entre otras cosas porque no quería que Judith se despertara. Empezó a hablar y yo simplemente le escuché y traté de consolarle con frases de ánimo, como haría cualquier amiga, pero de pronto, y sin saber muy bien a santo de qué, me pidió un abrazo, que al parecer le dio pie a pensar que después vendría todo lo demás. De repente, le tenía encima de mí tratando de besarme, sujetándome la cara con una mano e intentando separar la sábana con la otra. Fueron segundos pero me invadió tanto asco, que conseguí a la vez apartar mi cara y empujarle con fuerza mientras le decía: ¿Pero qué coño crees que estás haciendo? ¡Fuera de aquí capullo! Se puso en pie, me miró inquisitivo y al salir percibí en la penumbra que estaba en calzoncillos el muy cerdo. Se había quitado los pantalones antes de entrar a mi habitación, y yo, medio dormida y con la luz a oscuras, no me había dado ni cuenta. Dios, no puedes imaginarte cómo me sentí. Estaba furiosa con todo el género masculino.

–          Qué fuerte Marian. Vaya situación más embarazosa y desagradable. Pero ¿qué hiciste después?

–          Pues lo que te digo, no dormir el resto de la noche. Estaba agitada por todo lo ocurrido, y de pronto se agolpaban en mi cabeza los sentimientos de decepción, humillación, traición, frustración y enfado. ¿Pero cómo era posible que sabiendo por lo que había pasado en los últimos meses, conociendo mi vulnerabilidad y lo que es peor, con su novia en la habitación de al lado, se le pasara por la cabeza la idea enferma de echar un polvo conmigo? O incluso pensar que yo accedería a semejante canallada.

¿Me das un cigarrillo?

–          Claro, toma, pero, ¿no lo habías dejado? Mira que no me quiero sentir culpable. Pero, siguiendo con el tema. ¿Y esta mañana? ¿Qué has hecho? ¿Se lo has contado a ella?, ¿Te has vuelto a cruzar con él?

–          Pues ese era mi otro gran conflicto. ¿se lo debía contar?, ¿me creería?, ¿cómo se lo tomaría?. En serio, no tenía ni idea de qué hacer ni tampoco cómo reaccionaría ella. Al fin y al cabo, no nos conocíamos tanto y él siempre podría darle la vuelta a la tortilla y decirle que yo le había provocado. Además, él sabía que ella le adoraba. Al final, y después de valorar pros y contras decidí ponerme en su lugar y hacer exactamente lo mismo que me gustaría que hicieran conmigo en idénticas circunstancias.

–          ¿Se lo has contado?

–          Esta mañana, mientras nos arreglábamos en el baño para salir

–          ¿En el baño?  Por si acaso se meaba de la risa, ¿no? Perdona, es broma. Continúa. ¿Cómo se lo ha tomado?

–          Pues qué quieres que te diga. Ni fu, ni fa. No le ha sorprendido mucho. Es más, se ha disculpado conmigo por el comportamiento de su novio y me ha asegurado que tendrá una seria conversación con él cuando vuelva de su viaje a Marruecos.

–          ¿Y ya está? Pero bueno, ¿él no estaba en casa?

–          Sí, estaba durmiendo.

–          Vamos, que soy yo la tal Judith y para empezar, le despierto con un cubo de agua helada. ¡Qué falta de amor propio!. En fin, amiga mía. Supongo que eres consciente de que ya puedes ir dando esa amistad por perdida, ¿no?

–          Ella me ha dicho que no perdamos el contacto, que la llame de vez en cuando, y yo, que mientras siga viviendo con ese tío, sintiéndolo mucho, no volveré a pisar su casa.

–          Bueno Marian, piensa que todo esto tiene algo positivo.

–          ¿Ves? Por eso todas acabamos contándote a ti las cosas. Porque siempre consigues ver la parte buena. Pero, ¿quieres decirme qué hay de positivo en todo esto?

–          Te has pasado un fin de semana en Cádiz, se te han echado encima, lo que demuestra que eres tremendamente atractiva, y has demostrado ser una buena amiga, jejejeje.

Aquella noche Marian se quedó a dormir. Algunos meses después me contó que llamó a Judith por teléfono cuando volvió de su viaje a Marruecos. Había hablado con Arturo y efectivamente él le había asegurado que las cosas no habían sucedido como Marian le había relatado. Marian no se molestó más en volver a llamarla, ¿para qué?

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POR MAYTE GARCÍA CANEIRO
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13 comentarios el “EL AMIGO KINDER (MENUDA SORPRESA)

  1. Mercedes
    agosto 22, 2013

    Gracias por compartir tus sentimientos, nadie puede decir que es fácil. Lo que si es seguro es que es de valientes. El amor por contar es eterno, aunque dure lo que dura un corto invierno (de nuevo y siempre Sabina). 🙂

    • deamoramantesyamigos
      agosto 23, 2013

      Muchísimas gracias por tu comentario Mercedes, y por seguirme. En breve subiré mi siguiente relato.
      Un cordial saludo

  2. Elenuda
    agosto 23, 2013

    Esa chica como mola se merece una ola… uuuuuueeeeeee!!!. Me ha encantado. Estoy deseando que sigas contando tus encuentros y desencuentros con eso que mueve el mundo y que se llama AMOR. Sigue sigue sigue!!!!!

    • deamoramantesyamigos
      agosto 23, 2013

      Mil gracias Elenuda. Claro que sí, seguiremos contando las anécdotas cotidiana de las cosas que en definitiva nos ocurren a todos, porque tenemos más en común de lo que pensamos.
      Un abrazo

  3. Laura
    agosto 23, 2013

    olé Maite,qué entretenido ha estado, nos ha gustado mucho a Miguel y a mi, yo leía bastante más rápido ansiosa por conocer más de la historia,y oh! se ha acabado..pero seré fiel seguidora y si,por favor, continúa que se te da muy bien.

  4. llan
    agosto 23, 2013

    la historia genial, el ritmo muy bueno, el lenguaje actual y cercano, solo un inciso, si yo hubiera sido Marian me lo hubiera petao………….. claro que ya sabes que soy un tio.

  5. Paula
    agosto 26, 2013

    Ahora sí, relajada y con un café leyendo tu blog. Queremos más historias de amor, amantes y amigos. Me está gustando mucho tu universo paralelo. Un besito.

  6. Granjera
    agosto 27, 2013

    Cuándo saldrá el siguiente?!

    • deamoramantesyamigos
      agosto 27, 2013

      Hola Granjera, antes de nada, darte las gracias por haberme leído. Seguramente subiré el segundo a lo largo del día de hoy

  7. Petite Gilda
    agosto 27, 2013

    Oficialmente me hago seguidora de tus historias 😉 ánimo en tu aventura blogger!

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