De Amor, Amantes y Amigos

Revista de amor y Relatos de amor

EL AMANTE DEL ANILLO

EL AMANTE DEL ANILLOBIS

Acabo de ser bastante borde y cruel con un teleoperador sudamericano de una conocida compañía de telefonía española. Y encima, reconozco que ha llegado un punto en el que ni siquiera me siento mal por ello, y eso es precisamente lo lamentable. Detesto a la empresa, pero el caso es que siempre acabo pagándolo con los pobres trabajadores que se ganan la vida ofreciendo agresivas ofertas “a auricular frío”, y desde el otro lado del mundo.
– Pero ¿qué parte de “estoy en horas laborales y no me interesa, gracias, no ha entendido?, me traicionó el elevado volumen de mi subconsciente
– Si es que eres muy buena Lola. Les das demasiada coba, me dijo Carol, que no había podido evitar escuchar la conversación. Yo siempre les digo lo mismo y me dejan tranquila. Nunca falla.
– ¿Ah, sí? Ilústrame, listilla, le increpé incrédula, acomodándome en mi asiento, mientras le prestaba toda mi atención.
– Pues tan sencillo como ser sincera. Cuando cojo el teléfono y se identifican, y muy importante, antes de darles tiempo a que suelten su argumentario, simplemente dices: ¡Estoy ocupada, gracias!, y les cuelgas.
– Eso en mi pueblo se llama ser una mal educada, y no sincera.
– Vale, lo que tú digas, pero al menos yo consigo mi objetivo, y es que no me llamen durante algún tiempo.

Así es Carol. Práctica y avasalladora donde las haya, además de atractiva, seductora, simpática y un auténtico torbellino. Desde que se incorporó a la empresa hace algo más de tres años, se ha convertido en una pieza fundamental de mi vida profesional y personal. Las luces de la oficina se encienden cuando ella llega, y la hora de la comida es un auténtico taller de risoterapia a su lado. Tiene ese “je ne sais quoi” tan característico pero desgraciadamente, tan escaso en las personas, que atrapa a mujeres y a hombres, aunque de manera diferente. Entre nosotras es una mezcla de admiración aderezada con una rodaja de envidia sana (Por cierto, nunca he entendido la necesidad de diferenciar entre sana e insana para adjetivar a la envidia, cuando, según Wikipedia, es aquel sentimiento o estado mental en el cual existe dolor o desdicha por no poseer uno mismo lo que tiene el otro, sea bienes, cualidades superiores, u otra clase de cosas. Osea, INSANA) que nos hace quererla odiándola u odiarla queriéndola, por lo menos en mi caso. No sé. Y con respecto a ellos…. A ellos literalmente se les cae la baba. Según esta afirmación, puede parecer que Carol es de esas mujeres asquerosamente guapa, pero afortunadamente para nosotras, retrasada mental. Pues no. La ley del equilibrio estaba de vacaciones cuando fue concebida, porque la naturaleza no sólo ha sido generosa con la chica en el plano físico. Además es lista, inteligente, ingeniosa, creativa y muy trabajadora. Y precisamente por ese dechado de virtudes y después de llevar sólo una semana trabajando con nosotros, Gonzalo, mi jefe, me llamó a su despacho.

– Pasa Lola, siéntate, quiero hablarte de Carol
– Dime, ¿qué pasa?, contesté algo preocupada, ya que, la decisión de contratarla, después de varias entrevistas decepcionantes, había sido mía.
– Tranquila, no pasa nada. Sólo quería informarte de que he decidido hacerle a Carol un contrato indefinido. No me ha hecho falta ver más. Después de la reunión de ayer, tengo clarísimo que esta chica vale mucho y no quiero que nos deje por tener un contrato precario. Quiero que sea tu asistente y que aprenda todo lo que tú sabes. Con su formación, sus sorprendentes habilidades sociales y sobre todo, bajo tu supervisión, estoy convencido de que puede convertirse en una de nuestras mejores comerciales.
– Ufffffffff, qué alivio. Temía que me llamaras para echarla. Estás haciendo lo correcto Gonzalo, y he de reconocer que pocas veces he estado al 100% de acuerdo contigo, afirmé algo burlona (atrevimiento avalado por el respeto y admiración mutua que tenía con mi jefe).

Según me contó Gonzalo, habíamos conseguido el cliente gracias al desparpajo, naturalidad e inteligencia demostrados por Carol en la reunión, e, igual que a todos, les había encandilado. A partir de ese momento, Gonzalo incluiría a Carol como “comodín de la llamada”, en las negociaciones que se presentían complicadas.
El caso es que, a mí también me sucedió algo parecido. Desde el primer momento en el que la conocí, me sentí tan atraída por su arrolladora personalidad, que me fui alejando del corrillo de críticas de las otras féminas a la vez que se fue consolidando entre nosotras una complicidad y confianza que crece cada día, aunque también es verdad que durante algunos meses estuvimos muy distanciadas. Ocurrió hace algo más de un año. Tras llevar dos en la compañía, Carol ya estaba más que adaptada e integrada y nos habíamos hecho inseparables, pero de pronto, algo pasó y empecé a tener la constante sensación de que le estaba ocurriendo algo que no me contaba. Aunque yo creía saber lo que era, no me gusta presionar a ninguna de mis amigas, porque considero que les ofrezco la suficiente confianza como para que me cuenten lo que quieran y cuando quieran. Pero estaba muy rara, y lo que más me preocupaba era que le empezaba a afectar en el trabajo. Ella creía que no me daba cuenta, pero se pasaba el día hablando por Skype y respondiendo mensajes del móvil. Como responsable suya que era, y por el afecto que le tenía, le cubrí un par de veces con errores de principiante.

– Joder Carol. Ya te vale. No sé qué coño te está pasando pero sea lo que sea, está empezando a interferir en tu productividad y tu atención. Mira el email que acabas de enviarme, en el que me informas de la oferta que le has hecho a “Zapatos Domínguez” y en el que te refieres al dueño como “el abuelete cachondo”.
– ¿Qué pasa?, me contestó asustada. Diosssssssssssssss, noooooooooooo. Se lo he mandado a él también. ¡¡¡¡Mierda!!!!! Os lo quería enviar a ti y al boss, y no me he fijado en el apellido, y como se llama igual que él. ¿y ahora qué hago?
– Pues llamarle y disculparte, afirmé tajante. La parte buena es que, obviando el “simpático mote” con el que le has bautizado, el resto del contenido refleja un gran entusiasmo y cariño por su cuenta, así que no creo que todo esté perdido. Dile que ha sido un lapsus y que no hay maldad. ¡Apáñatelas, mira! Pero resuélvelo. No están las cosas como para perder clientes, ya lo sabes.
– Vale, no te preocupes. Le llamo ahora mismo. Lo siento mucho Lola. No volverá a ocurrir. Si es que estoy echa un lío y reconozco que me cuesta concentrarme. ¿Comemos juntas? Pero como amigas, y no como mi jefa, ¿vale? Te tengo que contar algo.

No me sorprendió que quisiera hablar conmigo. Lo que me extrañó es que hubiera tardado tanto tiempo en hacerlo. Eso y que durante un par de meses me esquivara, curiosamente a la hora del almuerzo. Desde que llegó, y a diario, nos íbamos las dos a comer juntas, aunque, no siempre solas. La mayoría de las ocasiones, se nos pegaba nuestro jefe y su séquito de pelotas varones, atraídos por el imán Carol. La verdad es que no les culpo. Las historias de Carol y la manera que tenía de relatarlas, hacían que casi agradeciésemos tener jornada partida.

– No os vais a creer lo que le ha pasado al hijo de unos amigos de mis padres este verano en Australia. Me lo ha contado mi madre este fin de semana, interrumpió Carol una aburridísima y recurrente conversación sobre fútbol.
– ¡Qué grande es!, pensé yo divertida. Sólo ella es capaz de hipnotizar a este saco de testosterona futbolera y llevarles a su terreno en menos de un sorbo de sopa. Yo que creí que eso sólo ocurría en el flautista de Hamelín.
– ¿Qué le ha pasado? Se interesó Joan, un compañero, íntimo amigo, de nuestro jefe, que trabajaba en la central de Alicante y había venido a pasar un mes en nuestra oficina.
– Otro que ha caído en las redes, continué en mi conversación interior.
– Pues resulta que se marchó con otros dos amigos para celebrar su diplomatura en turismo y alquilaron un coche para poder desplazarse, prosiguió misteriosa.

A estas alturas de su relato, la audiencia masculina de Carol ya estaba atrapada y atenta, mientras yo me preocupaba por verificar que todos se habían colocado correctamente la servilleta en el cuello, por aquello de las babas.

– Resulta –continuó- que, una de las rutas planeadas, al final era más larga de lo esperado y se les hizo de noche. No conocían el terreno y habían dejado olvidado el tomtom, en la habitación del hotel. De pronto, algo se les echó encima de la luna delantera y frenaron bruscamente. Cuando se bajaron a mirar, se dieron cuenta de que en el suelo, iluminado por los faros delanteros, se hallaba tendido el cuerpo inerte de un ¡¡¡Canguro!!!, y soltó una contagiosa carcajada. ¡Imaginaos!. Ir a Australia a atropellar nada más y nada menos que a la joya de la corona patria. Bueno, pues no se les ocurre otra cosa que, aprovechando la ocasión, disfrazar al canguro con la cazadora de uno de ellos, unas gafas de sol y un sombrero, y sujetarlo entre los tres, mientras el temporizador de la cámara parpadeaba desde el capó del coche. No entendieron cómo pudo ocurrir, porque fue todo muy rápido. De pronto, a las risas le siguió un flashazo y al flashazo de la cámara un inesperado movimiento, que les empujó hacia los lados, al tiempo que asistían a la huida espontánea del Canguro. Vamos, que no estaba muerto, y que se fue de parranda, y lo mejor de todo, vestido con sombrero, gafas y la cazadora que contenía la documentación de todos ellos.
– ¿No jodas? ¡Qué putada!, intervino el maleducado del Fonseca de turno, que en este caso expresó acertadamente el sentir general del aforo.
– ¿Y qué hicieron?, volvió a INTERESARSE Joan, que poco a poco avanzaba posiciones en la pole “Qué buena estás Carolina”
– Pues imagínate el panorama. Los pobres al final tuvieron que denunciar alegando que les habían atracado por la calle, porque tenían claro que su historia, de rocambolesca, resultaría poco creíble, y mucho menos con un canguro como protagonista de “Este muerto está muy vivo”.

A partir de ese día y durante todo el mes que Joan estuvo aquí, él y Carol se hicieron inseparables. Salían juntos a fumar, se marchaban a comer los dos solos, se iban de cañas after- work, y aunque, nadie sospechaba nada, yo no pude evitar decirle un día, preocupada:

– Carol, te recuerdo que Joan está casado y tiene una hija de diez años, además de ser uno de los mejores amigos del jefe.
– ¿Joan y yo? ¿Pero qué dices Lola? Nos llevamos genial y precisamente el hecho de estar casado, hace que yo me relaje y baje la guardia con él. Creo que es la primera vez que tengo un amigo hombre, sin que sea gay. Él está super enamorado de su mujer y adora a su hija. ¡Si no para de hablar de ellas!. Además, el pobre no ha hecho nada que me haga pensar que le gusto. Deberías confiar más en la gente, Lola.
Sin darnos cuenta, llegó diciembre. Joan llevaba ya una semana en Alicante y Carol hablaba con él todos los días. Se puso como loca cuando le comuniqué que este año, la cena de Navidad no sería en Madrid. Todo el equipo de comerciales, nos desplazaríamos, por primera vez a celebrarlo con el resto de la plantilla en la Central. Por poco no llegamos. Teníamos que coger el avión a las 8 de la mañana y aunque, como siempre que viajo, me había despertado 15 minutos antes de que sonara el despertador, se cumplieron a rajatabla todas las leyes de Murphy. El secador que ofrece su último suspiro (recuerdo que era diciembre), el asa de la bolsa de viaje que se queda enganchada con el pomo de la puerta y se rompe y tengo que cambiar la ropa de bolso, la tostada que se me cae por el lado de la mantequilla y un atasco descomunal en la M-40. Menos mal que no era la única. Dio la casualidad que todos llegamos tarde al aeropuerto, y supongo que entre las prisas, los nervios y esa manía absurda de seguir todos y siempre, los pasos de Carol, (y mira que sabíamos lo despistada que era), de pronto nos acomodamos en nuestros falsos asientos. Y digo falsos porque nos habíamos metido en el avión que nos llevaba a Palma, y no a Alicante. En cuanto vimos a Carol discutir con una señora que le mostraba su billete como prueba de que era ella la que debía posar su trasero en ese asiento, nos miramos desconfiados sospechando que teníamos que salir de allí zumbando o al final nos quedábamos en tierra. Enseguida me acorde que, tras el checkin, Carol se detuvo a ojear unos periódicos y en lugar de atravesar la puerta de la derecha, se coló por la de la izquierda, y tras ella, el resto. Aliviados, y ya en nuestro vuelo correcto, no pudimos evitar reírnos de la confusión, sobre todo Gonzalo, que le reía siempre a la niña todas las gracias. Al desayuno de bienvenida por parte del resto del equipo de la Central, le siguió una presentación del Super Boss y otra del boss a secas, es decir, Gonzalo. Ese año querían innovar incluso en eso, así que centraron todos sus esfuerzos en diseñar la creativa actividad que nos invitaron a realizar por equipos. Carol y Joan, volvieron a coincidir y eso suponía pasar todo el día, juntos. Vi el brillo en sus ojos, en los de ambos. A mí no me engañaba. Aunque me lo hubiese negado, allí había chispa, y si no había sucedido nada, sucedería antes o después.
Tras la actividad, cena y borrachera libre, nos alojaron en unas modernísimas habitaciones individuales de un carísimo hotel junto a la playa. ¡Me encanta el rumbo que está tomando esta empresa!, pensé cuando descubrí la columna hidromasaje de mi baño XXL. Al día siguiente regresamos a Madrid y fue precisamente a partir de ese momento cuando Carol empezó a cambiar su actitud, o por lo menos cuando yo empecé a notárselo. Me sonó también muy rara la repentina visita de Joan, a las tres semanas de la “Super Cena de Empresa”. Por eso, cuando Carol, y tras su error con el email traicionero, me pidió que fuésemos a comer juntas, intuía lo que iba a contarme

– Te estás acostando con Joan, ¿verdad? Es eso lo que te tiene tan distraída…resolví sincera.
– ¿Tanto se nota? Por favor, dime que no. Que en menudo lío me he metido, Lola. No se cómo ha ocurrido, de verdad. Ha pasado así, sin más, y ahora creo que estoy pillada, y él está casado, y me siento fatal, porque no puedo evitar empatizar con su mujer, y eso que no la conozco, y porque además, es íntimo de Gonzalo, y no sé si se lo va a contar y eso me puede perjudicar laboralmente, Lola. Que sabes lo importante que es para mí este trabajo, pero me he dejado llevar por sus palabras y por mi necesidad, que todo hay que decirlo, y se me ha nublado la vista, y he perdido la razón, y……
– Vale, vale, tranquilaaaaaaaaaaa, le interrumpí amigable. A ver, no te voy a dar una palmadita en la espalda, está claro, porque hay que reconocer que la situación fácil, no es, pero algo se puede hacer seguro. ¡Déjalo! Joder Carol, ya te vale, precisamente Joan, con la de tíos solteros que babean por ti y sin ser colegas de trabajo. ¿Cómo ha pasado? ¿Cuándo? ¿En Alicante? ¿Después de la barra libre, no?
– Ahí sentimos el click, pero no nos acostamos. Se pasó la noche llamándome al teléfono de la habitación intentando convencerme para presentarse allí en dos segundos, pero a pesar de mi ligero estado etílico, me mantuve firme y no accedí a su proposición. Ha sido aquí en Madrid.
– Por eso se presentó aquí la semana pasada, ¿no? Venía a recoger su cosecha. ¡Qué asco me da ese tío! Perdóname Carol, pero es que nunca le he tragado porque es el típico hipócrita con doble moral, que va de marido perfecto y aquí lo ha intentado con todas.
– ¿Contigo también?, preguntó extrañada
– ¿Tú que crees? Pues claro, hija, que parece mentira que con lo lista que eres para unas cosas, seas tan ingenua y tonta para otras.
– Ya lo sé Lola, tienes razón. Tengo muy claro que nunca podría confiar en alguien como Joan, y que no tiene ningún futuro. Voy a parar esto, no lo dudes. ¿Sabes lo que hizo? Le dijo a su mujer que se tenía que quedar una noche a dormir en Madrid porque debía acudir a varias reuniones, y estando en mi casa, me sentí fatal Lola, porque la llamó por teléfono y habló tan normal con ella y con su hija, como si estuviera en un hotel. Lo de la niña, me superó, en serio.
– ¡Pero qué cerdo mentiroso! Mira, no me cuentes esas cosas, eh????

Aunque me consta que Carol volvió a verle un par de veces más, al final dejó a Joan. Dice que la gota que colmó el vaso fue cuando le ofreció formalizar su relación, y eso en su idioma, significaba convertir a Carol en su amante oficial de Madrid. Algo así como renunciar a los posibles rolletes que le surgieran cuando viniera a la capital, además de ahorrarle a la empresa las dietas en alojamiento. Le sorprendió que Carol renunciara a ese magnífico honor. ¡Será gilipollas y engreído! Por otro lado, siempre nos quedamos con la duda de si se lo había contado o no a Gonzalo, aunque, si así fue, nunca cambió de actitud hacia ella. ¡En el fondo es majete mi jefe! Joan se marchó de la empresa y hace unos meses nos enteramos de que se había separado al liarse con la mujer de uno de sus mejores amigos de Alicante.

– Por cierto Lola, adivina con quién he estado este fin de semana en Alicante
– No quiero oírlo Carol, ¿otra vez hemos recaído? Pero si acaba de separarse y hace muy poco que está con su nueva cornuda.
– Pues ya ves, hay cosas que no cambian. Bueno sí, desde este fin de semana hay algo que ha cambiado, y mucho.
– ¿Ah si? ¿No me digas? Te has vuelto a acostar con un hombre que se acuesta todos los días con la misma y con otras esporádicamente. Super diferente, sí.
– Que sí Lola, que lo que ha cambiado han sido mis sentimientos hacia él. Quedamos para tomar una caña y recordar viejos tiempos y al final, sí, terminamos echando uno rápido y no muy placentero, la verdad, en la habitación de mi hotel. Pero después de hacerlo, recibió una llamada de su nueva pareja, y como siempre, le engañó con respecto a su verdadera localización en el mapa. Quedó con ella en ir a cenar a su casa y de pronto, le veo que se empieza a vestir, y sin ducharse, ¿te lo puedes creer? Me dio tantísimo asco que se lo tuve que decir. ¡Ay que ver cómo sois las tías de escrupulosas!, me suelta. – ¿Perdona? ¿Acabas de tener sexo conmigo y sin ducharte, ¿te vas a meter con tu pareja en la cama? Mira, me le quedé mirando con mi cara de “te perdono la vida” y me despedí de él para siempre. Ahora tengo clarísimo que se ha cerrado definitivamente el capítulo “El Amante del Anillo” de mi vida.
– ¡Menudo cerdo 360º!. Pues mira, ¡bien por ti!, me alegro que por fin te hayas dado cuenta de cómo es.

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POR MAYTE GARCÍA CANEIRO
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2 comentarios el “EL AMANTE DEL ANILLO

  1. Laura
    noviembre 21, 2013

    Muy bueno,ya me voy tan contenta a la cama!!Gracias guapa,hasta tu próxima historia.

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