De Amor, Amantes y Amigos

Revista de amor y Relatos de amor

VOY PARA ALLÁ

VOY PARA ALLÁBIS

Siempre me ponía nerviosa cuando me tocaba la revisión anual en el ginecólogo, y eso que, desde hace varios años, acudía a una clínica donde las que exploraban tus intimidades hasta lo más hondo, eran mujeres. Había tomado esa decisión después de una experiencia algo confusa, que no traumática, con una eminencia de la profesión que me había aconsejado una antigua compañera de trabajo. Y digo confusa, porque nunca tuve del todo claro que la manera de tocarme de aquel señor calvo con gafas marrones de pasta y con bigote de dos décadas, de mediana edad, correspondía a unas técnicas especiales utilizadas por algún tipo de corriente liberal de la ginecología, o simplemente se aprovechaba de su profesión para satisfacer otro tipo de necesidades. El caso es que no me atreví a denunciarlo, ni siquiera a comentarlo con nadie, pero después de aquello, nunca conseguí relajarme ni “abrirme” a otros ginecólogos hombres.
– ¿Qué tal Lola? ¿Cómo has pasado el año? ¿Cuándo fue tu última regla?, me preguntó la doctora Martínez sin levantar la vista de mi ficha.
– Bien, bien, gracias. Pues la verdad es que no recuerdo el día exacto, pero por el dolor de pechos, en una semana la tengo de vuelta- y señalando el calendario triangular de cartón, de esos que regalan con las revistas femeninas…- Mira, yo creo que este domingo, así que contando para atrás, la última debió ser el 15.
– Vaya, siento lo de tu dolor, porque sabes que este año empezamos con la mamografía y si los tienes sensibles, te va a doler, pero hay que descartar posibles tumores, que las mujeres sin hijos tenéis más posibilidades de desarrollar un cáncer de mama- soltó ella muy digna, así, sin ningún tipo de tacto ni de anestesia- Entra en la salita, desnúdate de cintura para abajo, ponte la batita azul, y a la camilla.
– – Señor, sí señor, pensé, y eso que decidí venir a este centro por la presunta delicadeza que se le adjudica al género femenino. No sé qué es peor.-. De acuerdo, dije, y obedecí sus órdenes con la horrible sensación, tras sus palabras, de merecerme el posible castigo tumoral por no haberse dado la circunstancia, hasta el momento, de tener hijos.
Lo peor no fue la exploración vaginal con sus dedos de látex y melena a capas con mechas que se asomaba entre mis piernas. Lo realmente dolorosísimo, y eso que me había prevenido fue lo que vino después. La enfermera me pidió que me vistiera y que la acompañara a la otra sala, la de torturas mamarias.
– Uy, qué poquito pecho tienes, pero qué mono, me animó la cómplice de la asesina, pero voy a tener que darte un pellizquito para meterla entre las placas y después cerrarlas y presionar para coger una imagen perfecta, primero en una y luego en la otra. Y, ah, súper importante, que no respires y te estés quietecita para no tener que repetirla.
Aunque ya de entrada, la explicación sonara peor que mal, no dejaba de ser teoría. Pues en la práctica, fue lamentable. Mis pechos pre menstruales se encogieron de miedo y yo simplemente emití un estridente” Diosssssssssssssssssssss, qué dolorrrrrrrrrrrrrr”, al mismo tiempo que una lagrimilla brotaba de mi ojo derecho. Pero lo soporté con valentía, honor y un par de ovarios bien puestos. Ahora, eso sí, la cara de esa enfermera capulla sin sentimientos ni corazón, la voy a recordar toda mi vida.
Al salir, encendí el móvil y tenía un mensaje de voz de Marian:
– Tiene un mensaje de voz del 616164812. Si quiere escucharlo, pulse 1 y si quiere guardarlo pulse 2.
Evidentemente pulsé el 1 aunque quise volver a oírlo 2 veces más por la gracia que me hizo. El mensaje de Marian decía:
– Hola Lola, soy yo, que no sé dónde estás y….
A partir de ahí sólo se oía un ruido atronador, y muy a lo lejos, la que parecía la voz de Marian diciendo: ¡Mierda, mierda, mierda! Más ruido y finalmente otra vez ella:
– Pues nada hija, que no se si sigues ahí o no, ¿me oyes? (¿Pero qué dice esta loca?, me preguntaba yo. ¿No se acuerda que me está dejando un mensaje?). Ay, no, continuó, que no estás ahí, que te estoy dejando un mensaje. Jo, Lola, me acabo de pegar una leche de cuidado, dijo lamentándose. Ayyyyyyy, mi rodilla. ¡Joder, joder, joder!. Y la puta carcasa escacharrada. ¡Mi rodillaaaaaa!, continuó lacrimógena. Bueno, llámame luego. Esto es una mierda, todo me pasa a mí. Mi vida es surrealista.
Tenía que pasar por el chino para coger un paquete de jamón de york, philadelphia y unos yogures. ¡Qué bien me cae la china de mi barrio!, que además siempre me recuerda lo del zumo de naranja y los aguacates. Subí, me puse el pijama y cuando me disponía a comerme el yogur de postre, sonó otra vez el móvil. Ay bah, pensé, seguro que es Marian, que no la he llamado, pero no era ella.
– Pon la tele ahora, me ordenó la voz de Carmen, mi íntima amiga del pueblo con la que hablaba casi a diario.
– Pero bueno, ¿qué pasa? Hola, ¿qué tal?, buenas noches, ¿no? Ya perdemos hasta los buenos modales, le dije divertida mientras intentaba encontrar el mando que, como siempre, se escondía bajo la montaña de cojines.
– ¿Qué modales ni modales? Ponla ya, Telecinco. Vas a flipar.
– ¿Rescátame Vip? , pregunté mientras zapeaba. Oh——Dios——Mío. ¿esa es quien tú y yo conocemos? ¿pero qué coño se ha hecho en la cara? ¡Qué fuerteeeeeeeee!
– – ¿Ves? Y te lo querías perder. Ella es, sí señora. ¡Alucina!
– Pero a ver, que no estoy entendiendo nada, ¿qué hace esta pedorra ahora en la tele? Me parto, y solté una estruendosa carcajada por lo absurdo de la situación.
Socorro era el nombre de la operada televisiva, a la que, el presentador estrella del momento, Jesús José Pérez, estaba entrevistando en el programa más visto del prime time de los viernes. La conocíamos de toda la vida. Era la mediana de tres hermanas, hijas de uno de los muchos agricultores de nuestro pueblo. Su madre había fallecido en un accidente cuando todavía eran muy pequeñas y ellas se habían criado prácticamente solas. El padre, tras la trágica muerte de su mujer, cayó en una profunda depresión, convirtiéndose en un ser huraño, distante y amargado. Socorro tenía sólo un par de años más que Carmen y que yo pero parecía que nos sacaba cinco. Empezó a maquillarse sin haber cumplido los 13 y a tener relaciones sexuales con chicos mayores cuando rozaba los 15. Luego nos lo contaba con todo lujo de detalles. Ella tuvo enseguida clarísimo lo que quería en la vida.
– Apuntadlo chicas, porque dentro de unos años, y sin tardar mucho lo veréis. Yo voy a triunfar y a ser famosa. Voy a salir de toda esta mierda y tendré dinero y joyas, y vestidos bonitos. Y entonces, me llamaréis por teléfono para pedirme que os presente a mi novio, que también será famoso, actor o cantante.
Al principio no la hicimos mucho caso, sobre todo porque su precocidad y sus malas compañías, la llevaron a juguetear con varias drogas, principalmente con la heroína y sin cumplir los 18, y después de dos sin saber nada de ella, supimos que el chico con el que se había fugado, la estaba prostituyendo en Barcelona. A los 20, regresó al pueblo después de ser maltratada y de pasar por un centro de desintoxicación, pero al hablar con ella, nos dimos cuenta que, todo lo que le había sucedido en los últimos 4 años no había hecho más que reforzar su objetivo y su ambición. El abuelo de Carmen, uno de los hombres más ricos del pueblo, después de haber heredado una fortuna de su padre, vivía solo en una gran casa a las afueras, y al enterarse por nosotras de la situación de Socorro, y en contra de la voluntad de sus hijas y sobre todo de mi amiga Carmen, decidió contratarla como criada, enfermera, ama de llaves y cuidadora personal. Y pasó lo que nunca quisimos decir en voz alta por lo asqueroso que nos parecía, pero que todas siempre pensamos.
– La muy hija de puta le ha engatusado, Lola. Mi abuelo se ha vuelto loco por ella y ahora nos dice que se van a casar. En qué hora volvió esa zorra oportunista. ¡Será asquerosa!, se encendía Carmen al pensar en esa idea.
– ¡Qué tía! Y perdóname Carmen, porque es tu abuelo, pero ¡Qué estómago hay que tener! Es que no quiero ni imaginarme lo que le habrá hecho, comentaba yo espantada al visualizar la escena.
– Si es que siempre ha sido así. ¿De qué te extrañas? Ahora, el tonto de mi abuelo la incluirá en el testamento, y vete tú a saber si no se lo va a dejar todo.
Y así fue. Tres años más tarde y con sólo 23 años, Socorro heredó como viuda de pleno derecho el 50% de toda la fortuna del Señor Leonardo y el otro 50% fue a manos del resto de la familia. Desde entonces, ni Carmen, ni su madre, ni su tía, podían oír hablar de “la zorra hija de puta”, a la que ya nunca llamaron por su nombre. Socorro, que pasaba de todo, cogió su dinero y se vino a Madrid, donde decidió invertir en el sector inmobiliario, adquiriendo varios pisos en el centro, además de su pedazo de ático en barrio de Salamanca. Además, y como su mente no paraba de dar vueltas enfocándose siempre en su objetivo, se hizo con una pequeña agencia de modelos que ayudó a reflotar como socia capitalista. Empezamos a verla en algunas revistas del corazón, al principio en un segundo plano hasta que hace un par de meses, nos enteramos que se había liado con uno de los toreros más famosos del país, que además estaba casado desde hace dos décadas. Ahora, y tras una sonada ruptura de la relación extra marital, los del Rescátame Vip, la habían llevado al programa a contar todas sus intimidades.
– Sigue igual la zorra hija de puta, continuaba diciéndome Carmen, mientras yo no salía de mi asombro. Es que esta tía no tiene escrúpulos, ni vergüenza, ni la conoce. Pero ¿cómo se puede ser tan mala? Y ahora, ¡venga!, por si fuera poco, a rematar la faena, contando las embestidas que le ha dado el torero, los revolcones y los cuernos que le han puesto a la parienta del diestro. ¡Qué asquerosa!, continuaba indignada, mientras yo sonreía por el paralelismo que acababa de hacer utilizando el lenguaje del ruedo.
– ¡Increíble!, le dije a Carmen. Es que no lo entiendo, te lo juro. Con lo fácil que tenía ganarse dignamente la vida después de su gran golpe de efecto con tu abuelo, y no se conforma. Definitivamente, no tiene límites. Mira, ya ha conseguido lo que quería, siguiendo con la jerga taurina, salir por la puerta grande y hacerse famosa.
– ¿Dignamente dices? Si al parecer su supuesta agencia de modelos es una tapadera de un prostíbulo de lujo, que lo he leído yo en la revista del programa, me aseguraba Carmen, experta conocedora de todo lo que se cocía en la prensa rosa. Si es que la cabra tira al monte, seguía cabreada.
– Mira nena, ¿sabes qué te digo? Que le den y tú, hazte un favor a ti misma y termina ya con esta obsesión que no te está beneficiando nada, de verdad. No sigas haciéndote mala sangre por lo que os hizo y cuando la veas en la tele o en una revista, cambia de canal y pasa la página, le aconsejé con sensatez. Ya sabes, ojos que no ven….
– Ostia que te metes, y soltamos simultáneamente una carcajada que alivió la tensión previa. Bueno cielo, te dejo que voy a seguir viendo a esta basurilla
– ¿Ves? Si es que te va la marcha. Que cambies de canal, tontaaaaaaaaa, insistí
– Que no pasa nada en serio, que ya estoy bien, y colgamos.
Me di cuenta que todavía tenía pendiente llamar a Marian y como ya estaba en posición teleoperadora nocturna, marqué su número
– Joder, ya era hora guapa, llevo llamándote más de media hora y me daba todo el rato comunicando. ¿Con quién hablabas? Me preguntó algo molesta.
– Eyyyyyyyyyy, tranqui, la frené. Con Carmen, que menuda historia, ya te contaré. Pero ¿quieres decirme qué te ha pasado hoy? Que me partía de risa al escuchar tu mensaje, le recordé su incidente.
– Mira, ni me lo recuerdes, que llevo un día de mierda y para ponerle la guinda lo de la caída de la bolsa. Vamos, de la bolsa de los zapatos que me he comprado, del bolso, del paraguas, del móvil. En fin, un desastre, suspiró desesperada.
– Pero, ¿cómo ha sido?, ¿te has hecho mucho daño?
– No, sólo en la rodilla derecha, que la vuelvo a tener como cuando era pequeña, raspada y dolorida, por no hablar del boquete que se me ha hecho en las medias y de las pintas de guarra que he arrastrado hasta llegar a casa. Pues nada hija, que bajando por la Rivera de Curtidores, un poco más abajo de la Plaza de Cascorro, y cargada hasta las cejas, no se me ha ocurrido nada mejor que llamarte porque te tenía que contar una cosa, y como nunca me acuerdo de lo torpe que soy, sobre todo cuando llevo tantas cosas en las manos, he tropezado con una piedra en el camino, que por cierto, debería denunciar al Ayuntamiento y ya de paso a la señora botellita de plástico, para que pongan carteles o algo que avisen del peligro, como en las carreteras, ¿no?, aunque claro, con mi suerte, seguro que también me llevaría por delante las puñeteras señales. Pues eso, que como encima la calle está en cuesta y tiene bastante pendiente, justo en el momento en el que te estaba dejando el mensaje, todo ha salido volando por los aires, al contrario que yo, que me he estrellado contra el suelo. Menos mal que no me ha visto mucha gente, sólo un señor mayor que muy amablemente me ha ayudado a recuperar mis cosas y mi dignidad, pero me sentía tan aturdida que ya no sabía si te estaba dejando un mensaje o estaba hablando contigo porque ya me he liado yo misma, dijo de una tirada prácticamente sin respirar. Y ¿qué?, ¿has flipado al escuchar el mensajito de las narices, no?
– Pues sí, un poco, la verdad. Pero, ¿estás bien cielo? ¿para qué me llamabas? ¿qué tenías que contarme? Me apresuré a recordarle.
– No, definitivamente no estoy bien. Ya es oficial. A partir de ahí, el tono de su voz cambió radicalmente y se volvió triste y taciturno. Rodrigo se ha casado con ella, continuó, y no sólo por la iglesia, también en la sinagoga.
– Espera, espera, la interrumpí. ¿Que se ha casado? Mira, me visto en un minuto y estoy en tu casa en diez. Que toda la compañía femenina es poca en estos momentos.
Después de separarse de Rodrigo, tras descubrir su infidelidad con una compañera de trabajo, Marian había alquilado un apartamento a dos portales del mío, por lo que muchas noches nos acompañábamos y nos desahogábamos, más que nada, para evitar caer en otras tentaciones más nocivas. Así que, dicho y hecho, tardé sólo diez minutos en llegar a su casa, y allí estaba ella, intentando no naufragar en su mar de lágrimas y con los ojos como dos tomates.
– A ver, ven aquí, tranquila, no llores más. ¿quién te lo ha dicho? ¿cómo te has enterado?
– ¡Qué más da ya, Lola! Se ha casado y no ha pasado ni un año desde su traición y desde nuestra separación. Y lo peor de todo es que me siento una estúpida, por estar así. Él ya ha rehecho su vida y yo no acabo de levantarme. Mira, tiene gracia que encima hoy precisamente me haya sucedido lo de la caída, porque así es como me siento, con la moral por los suelos.
– Lo siento mucho Marian. Quiero decir, que siento mucho verte así, no que se haya casado, que si quieres que te diga la verdad, y aunque te duela, en el fondo creo que a la larga, te vas a dar cuenta de que es lo mejor que podría pasarte para que cierres definitivamente ese episodio de tu vida y no albergues ya ninguna esperanza, le dije tratando de consolarla.
– Supongo que tienes razón, pero me ha dolido tanto. Y tras un largo silencio prosiguió. Ha sido esta mañana, ¿sabes? He bajado a desayunar al bar de siempre, el que está al lado de mi oficina donde hemos quedado en alguna ocasión para comer…. -Asentí para confirmarle que me daba cuenta del bar al que se refería- y cuando estaba a punto de terminarme el pincho de tortilla, de pronto dos manos me han tapado los ojos. ¿Sabes quién soy? Me ha dicho una voz más que familiar, y al girarme, allí estaba Belén, la mujer de uno de los mejores amigos de Rodrigo, a la que no había vuelto a ver desde mi separación y con la que nunca congenié. Le ha faltado tiempo para hablarme de él, de su doble boda y de lo feliz que era.
– Pero ¿cómo que doble boda? Pregunté sin entender
– Lo que oyes. Conmigo, como bien sabes, porque tú fuiste testigo, fue suficiente una boda por lo civil, en el juzgado de la Gran Vía, sin vestido de novia y sin invitados. Con ella, ha habido boda por todo lo alto en la Catedral de Toledo, porque al parecer su familia es de allí, la de ella, digo. Y luego, por si fuera poco, y como él es judío, también han celebrado la ceremonia en la Sinagoga de Madrid. Vamos, que ya puestos, igual piden audiencia con el papa o ya para rizar el rizo, se hacen musulmanes para que todas las religiones sean testigos de lo mucho que se quieren, ironizó. No se Lola, de verdad que me siento como una mierda, como cualquier objeto falso que la gente compra y con el que se conforma hasta que tiene dinero suficiente para adquirir el original.
– Ey, ey, ey, ni se te ocurra pensar eso. No hay nadie más original y más auténtica que tú Marian, no te flageles ni te destruyas a ti misma, que ese gilipollas no se lo merece, y ahora tienes que quererte y apreciarte más que nunca. Tú eres estupenda y además, ya sabes que a cada cerdo le llega su san Martín, y si no tiempo al tiempo, traté de animarla.
– Ya, pero tenías que haber visto la cara de lástima con la que me miraba la bruja de Belén mientras me contaba los detalles- Joooooooo, tú tienes que estar hecha polvo, ¿no? Porque lo vuestro fue una boda un poco cutre, comparado con lo de ahora. No me gustaría estar en tu lugar, porque tiene que doler, ¿no?- Replicaba Marian, con voz chirriante y pedantísima la voz y las palabras de Belén.
– Pues ¿sabes qué te digo?, que a mí la que me da mucha pena es ella, es decir, cualquier persona que sea tan insensible y tan imprudente como para pensar que está a salvo en su perfecta, idílica y acomodada vida y que jamás se va a ver en una situación similar. Así que, mira, yo creo que todo lo que te está pasando es buenísimo, porque te va a servir para eliminar de tu vida a personas insanas y negativas, como esa tal Belén, y a resurgir de tus cenizas como el ave fénix. Porque tu energía es preciosa Marian, emanas una luz estupenda y aunque ahora no lo veas, no sólo vas a salir de esto, sino que vas a hacerte mucho más fuerte y más sabia, porque en el camino aprenderás a elegir mejor a tus parejas y a las personas que te rodean. Estoy convencida.
Y el karma, es lo que tiene. Un par de meses después Belén y Marian volvieron a encontrarse en una situación absolutamente diferente. Una mañana, al entrar a trabajar, Marian vio que Belén estaba en la cola del paro de la oficina de empleo contigua a su trabajo. Belén se quedó sorprendida cuando Marian se acercó a saludarla y avergonzada y arrepentida se sinceró y le contó todo. Al parecer, su estupendo y maravilloso marido la había abandonado a ella y a sus dos hijos pequeños, y la había sustituido por una azafata de altos vuelos, desentendiéndose absolutamente de sus obligaciones como esposo y padre. Ahora, y sin ningún tipo de experiencia laboral, se veía obligada a trabajar para sacar adelante a sus hijos. Marian no se alegró, es más, le dio tanta pena que decidió ayudarla y a través de un contacto, le consiguió una entrevista y un trabajo como secretaria en una pequeña empresa familiar, pero no volvió a llamarla ni a verla nunca más, porque lo que tenía claro era las personas que no deseaba que formaran parte de su vida, de su nueva y coloreada vida.

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POR MAYTE GARCÍA CANEIRO
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Un comentario el “VOY PARA ALLÁ

  1. kneira
    marzo 3, 2014

    al final nos confirmas que esos programas no levantan más que kkita…la segunda parte…me quedé con ganas de más….;-)

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