De Amor, Amantes y Amigos

Revista de amor y Relatos de amor

De amor padre-hijo y viceversa. ¡Por Martín! Fuera la Hache

Los estímulos. Desde que nacemos, y sin que podamos evitarlo, estamos expuestos a recibirlos, desde todos los ángulos y en todas sus formas. Luces, colores, gestos, palabras…. Nuestro cerebro va recogiendo toda esa información y la va clasificando y archivando en función de diferentes aspectos relacionados con la personalidad. A muchos de esos estímulos no les hacemos ni caso, aparcándolos en el desván de nuestra memoria, sin subir a desempolvarlos, ni una sola vez en nuestra vida. Otros, nos hacen reaccionar, nos enseñan, permanecen durante un tiempo, pero también los dejamos apartados. Sin embargo, algunos, muy pocos, los más privilegiados, los niños mimados de estas provocadoras señales, llegan, se quedan y te acompañan el resto de tu vida porque antes de aterrizar en el cerebro, han traspasado tu piel provocando en ella una reacción incontrolable e involuntaria comúnmente conocida y coloquialmente definida con frases del tipo “pelos de punta” o “carne de gallina”. Eso es lo que le ocurrió a toda la piel de mi cuerpo la primera vez que descubrí, la que en mi humilde pero emocional opinión, es una de las grandes maravillas de ese mágico arte que es el cine, “Martín Hache”, del director argentino Adolfo Aristarain.

MartinH

http://www.cartelesdepeliculas.com

Han pasado nada más y nada menos que 17 años desde que naciera este niño prodigio. Mira tú por donde, tiene casi la misma edad que su protagonista. Un jovencísimo y genial Juan Diego Botto le da vida al buscador de identidad propia, Martín, un adolescente que todavía no ha encontrado, o no le han dejado encontrar, su lugar en el mundo. ¿Por qué me detengo en él? Para empezar, porque me apetece, y para continuar, porque esta sección no va de críticas cinematográficas, (que de eso está la red llena), y por otro lado, tampoco considero que tenga la información ni la preparación, ni el conocimiento ni el arrojo suficiente como para hacerlo. Y también, porque, son tanto los aspectos, escenas, situaciones, diálogos, monólogos de esta peli en los que detenerse para analizarlos y hablar de ellos, que no tendría suficiente con un solo blog.


La situación es la siguiente. Martín hijo o Hache, vaga por las calles de Buenos Aires guitarra en el hombro sin rumbo, sin destino, sin oficio ni beneficio. El desafortunado malentendido de su supuesto intento de suicidio con drogas, al inicio de la película es el punto de partida de un viaje, no sólo a Madrid, ciudad en la que reside su huraño y maniático padre, cuyo nombre también es Martín, sino un recorrido hacia el encuentro de su propio yo. De hecho, la última escena, en la que, después de unos días y muchos conflictos entre los cuatro personajes, Hache decide regresar a Argentina y se despide de su padre dejándole un mensaje grabado en vídeo, cierra el círculo y supone, en mi opinión, el final de una etapa y el comienzo de otra, la de su madurez: “Papá, yo te quiero, pero vos sos vos, yo soy yo, y no podemos vivir la misma vida”. Cuando Martín padre brinda con Dante tras escuchar el mensaje, ya no lo hace por Hache, sino que brinda por “Martín”, y precisamente ese reconocimiento, darle por fin un nombre propio a su hijo tirando la “Hache muda” por la ventana, es la confirmación de que Martín hijo ha conseguido el tan ansiado respeto de su exigente padre. Pues bien, dejando claro y volviendo a incidir en el hecho de que absolutamente toda la cinta está llena de situaciones, escenas o discursos plagados de contenido susceptible de generar múltiples debates, a mí se me tatuó en el alma el monólogo de Hache al final de la película. ¿Por qué? Pues supongo que porque en ese momento yo también me encontraba precisamente en un proceso similar. Al final, si lo piensas, lo único que tenemos en común todos los seres humanos es nuestro rol de hijos y esa coincidencia, más allá de que las situaciones o las circunstancias de cada uno difieran, es la que hace que suscribas al menos, alguna de las frases que Hache le dedica a su padre. El destino quiso que pasados unos años, y como ejercicio de teatro, tuviésemos que prepararnos un monólogo. Ni lo dudé ni me costó nada hacerlo. La película la había visto ya una decena de veces, busqué el texto en internet, me lo aprendí y por fin llegó el día. Confieso que fue uno de los momentos más mágicos de toda mi vida. Me olvidé de la profesora, de los compañeros que hacían de público y creo que hasta del ejercicio. Ahí estaba yo, delante de una cámara, retrocediendo algunos años y hablando con mi padre. Ahí estaba yo llorando a moco tendido haciéndole entender que la niña había crecido y que había llegado el momento de despedirse de ella, para dar la bienvenida a la persona adulta que empezaba a tomar sus propias decisiones y necesitaba más que nunca ser comprendida pero sobre todo, ser respetada. Ahí estaba yo, por fin tomando las riendas de mi propia vida.
Nadie se imagina la rabia que me dio después que aquella cámara estuviese apagada, ya que repito, se trataba de un simple ejercicio de clase, pero hubiera sido estupendo grabar una escena a pecho descubierto. En fin, al menos me queda el precioso recuerdo de haberlo vivido.
No obstante, el Navegamor os deja una de las joyas de este tesoro cinematográfico que es para mí Martín (Hache), el monólogo final. También, y como siempre, algunos links con información, críticas y alguna que otra entrevista, pero hacedme caso, si no lo habéis hecho ya, lo mejor es verla. AMOR, PASIÓN, DESEO, MIEDO, DEPENDENCIA EMOCIONAL, DUDAS, AMISTAD, CRISIS DE IDENTIDAD, COMPLEJOS, FRUSTRACIONES, ARREPENTIMIENTO, INCOMUNICACIÓN, y en definitiva, todo un mar de emociones.


Ficha técnica de Martín H en Filmaffinity
Martín (Hache), de padres e hijos en blogdecine.com
Coloquio sobre Martín (Hache) en la 2, 1999
Martín Hache en el blog serueda

POR MAYTE GARCÍA CANEIRO

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Un comentario el “De amor padre-hijo y viceversa. ¡Por Martín! Fuera la Hache

  1. vascofe
    abril 27, 2014

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