De Amor, Amantes y Amigos

Revista de amor y Relatos de amor

Nº 3. Un día lleno de sorpresas

UN DÍA LLENO DE SORPRESASbis

POR MAYTE GARCÍA CANEIRO

Todos sabemos que una sorpresa lo es, porque no te la esperas y ocurre, cuando una persona o un acontecimiento te asaltan por la puerta de atrás de tu cerebro, la misma por la que nunca entras al pensar ¿para qué?, si tengo la principal…. Vivimos en una sociedad de vidas planificadas rebosantes de rutinas que se han convertido en nuestras compañeras habituales de piso. Ponemos el despertador a la misma hora todos los días y como autómatas, nos levantamos, nos dirigimos al baño con la legaña pegada a vaciar la vejiga, encendemos la radio, nos duchamos, vestimos y acicalamos, preparamos el desayuno, bostezamos varias veces, se nos quema la tostada porque se nos ha olvidado echarnos colonia y al ir al baño, no hemos caído en la cuenta de que la tostadora tiene estropeado el termostato, por lo que, la puñetera tostada debe ser expulsada de manera manual; empezamos a ser conscientes de que ya llegamos tarde y aceleramos el ritmo; con las prisas se nos cae el café por encima y nos vemos obligados a cambiarnos de ropa. Se inicia entonces un pulso frenético con el reloj, ganando siempre él, y por fin logramos, con mucho esfuerzo, romper el cordón umbilical con nuestra casa y salir pitando. Caminamos hacia la parada de metro o de autobús, trabajamos, comemos, volvemos a trabajar, volvemos a casa, y un largo etcétera de rutinas diarias con los que de algún modo, nos sentimos cómodos aunque siempre acabemos acusándolas de aburridas.

Jorge y Paula llevaban juntos más de doce años y la rutina se había instalado con ellos los últimos tres, y sin pagar hipoteca ni compartir gastos. Jorge quería muchísimo a Paula pero de pronto un día se dio cuenta de que, en ese extraño menage a aburrimiento, empezaban a sobrar tanto él como ella, porque la rutina había decidido convertirse en reina de la casa. Una noche en la que no podía dormir y al percatarse de que cada día su cama parecía más grande y el cuerpo de Paula más pequeño, se levantó al salón. Como buen creativo publicitario y ante una evidente situación de crisis sentimental, puso a su ingenio a hacer horas extras, y sin necesidad de epidural, dio a luz una idea que se le antojó brillante. Tenía encendida la tele y aunque no le estaba prestando demasiada atención, un personaje de una serie o de una peli, dijo la famosa frase: “Si no puedes con el enemigo, únete a él”. Los ojos de Jorge se abrieron a lo Doctor House. Acababa de darse cuenta que debía pedirle ayuda a su enemiga la rutina para que le ayudara en esta nueva misión “Reconquista a Paula o la pierdes” disfrazándose de sorpresa por un día.

Una semana más tarde, y como cada día, el despertador de Paula se despertó, pero “alguien” había cambiado el tono de la alarma del móvil, sonando en su lugar la canción que siempre le levantaba el ánimo en los malos momentos y le recargaba las pilas: “Hoy puede ser un gran día, plantéatelo así, aprovecharlo o que pase de largo, depende sólo de ti”. Sonrió al pensar en lo bueno que era Serrat y en el tiempo que hacía que no lo escuchaba, y también en Jorge. Esto debía ser cosa suya.

Animada, se levantó y se dirigió al baño. Al cerrar la puerta, ahí, colgado en la percha, el precioso vestido rojo, palabra de honor de Zara que decidió abandonar la semana pasada, al no poder hacer frente al rescate que pedían para liberarle, teniendo en cuenta, claro está, que el color de los números de su saldo en el banco, amenazaba con teñirse del mismo que el vestido. Esta vez la sonrisa fue sonora al no poder evitar un: “Ya eres mío, ya eres mío, pequeñín. Hoy te estreno”. De pronto se quedó pensativa. No era su cumpleaños, ni su aniversario, ni su santo. ¿Qué me he perdido? Pero un segundo más tarde y contentísima por el regalo, se dijo. “¿Y qué más da? Gracias, gracias, gracias, Jorge”. Encendió la radio. En Cadena Dial estaban entrevistando a Melendi, otro de sus “Oh, Dios, Mío”. Subió el volumen para no perderse ni una palabra de lo que el cantante decía mientras estaba en la ducha.

–          Jaime, ¿Me dejas un minuto en antena? Debo decir algo a la persona más importante de un gran amigo mío. (Le pregunta de pronto Melendi a Jaime Cantizano)

–          Sí, por supuesto, di lo que quieras, le contesta Cantizano

–          Paula, sí, tú, la que te estás duchando ahora tras despertarte con la canción de Serrat y descubrir tu vestido rojo nuevo. ¿Ya sabes que eres tú? Pues bien, sólo quiero que sepas que en mi próximo concierto, tú y Jorge estáis invitados a estar conmigo entre bambalinas. Será un placer conocerte.

Paula no salía de su asombro. Pero ¿de qué iba todo esto? ¿Melendi le estaba dejando un mensaje por la radio? ¿Melendi la estaba invitando a un concierto, y lo hacía públicamente y a nivel nacional?

Sorprendida y cada vez más emocionada, siguió con su rutina. Vestida y arreglada, se dirigió a la cocina y al encender la luz, sobre la encimera, descubre una bandeja preciosa con una rosa, fruta pelada, donuts, una napolitana de chocolate, zumo de naranja y una nota de Jorque que decía: “Tú eres la mejor sorpresa de mi vida”. Definitivamente, a éste le ha dado un aire ¿Le han hecho una lobotomía y yo sin enterarme?, se preguntaba Paula una y mil veces. El teléfono de Jorge estaba apagado o fuera de cobertura así que, por más que insistió, no pudo localizarle. El día anterior le había dicho que madrugaría mucho porque tenía una reunión en Barcelona para presentar una campaña y como su rutina era la de viajar constantemente, no le extrañó. Lo que de verdad le tenía alucinada era que en la última hora, Jorge había tenido más detalles con ella que a lo largo de toda su relación, pero no presentaría ninguna reclamación, eso seguro.

Al salir del portal, un chico joven, moreno, y extra guapo, se dirigió a ella para decirle que ese día, el trayecto de 10 minutos hacia el metro, en lugar de andando, lo harían en segway. A Paula le encantaba montar en segway así que, no opuso ningún tipo de resistencia a la invitación. Tras un divertidísimo y excitante, aunque breve viaje, se bajó, le dio las gracias y entró en la estación, pero enseguida se echó a reír al comprobar que algo había cambiado con respecto al día anterior. Todas las vallas publicitarias del andén estaban cubiertas de mensajes, o mejor dicho, de piropos encabezados con su nombre: “Paula, eres muy grande” “Paula, hoy es tu día” “Esta Navidad te vuelvo a pedir para Reyes”, “Qué bien le quedas al vestido”, “Pones bailonas a mis neuronas”, y así un montón de simpáticas frases. Empezó a recordar los motivos por los que 12 años atrás había caído rendida ante las originales excentricidades de su pareja. Los 15 minutos de metro, ¿cómo no? se los amenizó un monologista muy conocido del Club de la Comedia, que de paso también le alegró la mañana al resto de ocupantes del vagón. Ya en el trabajo, y a eso de las 11 de la mañana, la chica de recepción se acercó a su sitio para entregarle un paquete que un mensajero había dejado para ella. Al abrirlo, se encontró con un sobre que contenía dos vales canjeables por una comida en uno de los restaurantes más chic de la ciudad y que, casualmente se encontraba a dos calles de su oficina, y una nota que decía: “Espero que te guste la comida pero que te encante la compañía. Baja a las 14:00 en punto”, firmado: Jorge. El rey de las sorpresas seguía sin cobertura pero Paula pensó que lo vería en un ratito, sin embargo, cuando la aguja grande se abalanzó sobre las 12 y la pequeña por fin puso la bandera de conquista en las 2, la chica, ilusionadísima, bajó al portal con unas ganas enormes de encontrarse con Jorge. “No me lo puedo creer” pensó al ver a Elena. Elena era la mejor amiga de Paula, pero un destino llamado Joao y por el que Elena se había vuelto loca, las había separado llevando sin verse más de seis años. A pesar de que estuvieron juntas dos horas, tenían tanto de lo que hablar, tanto de lo que ponerse al día, que se les hizo cortísimo, pero Paula debía volver al trabajo. Al entrar, su jefe, un señor de Bilbao encantador con el que Paula mantenía una relación estupenda después de 15 años en la empresa, le pidió que fuera a su despacho.

–          Quiero que te tomes la tarde libre. Jorge me lo ha pedido y además me ha dicho que te entregue ésto. Por mí no hay ningún impedimento y te sobran días de vacaciones, así que, recoge tus cosas y márchate, dijo sonriendo y misterioso el jefe de los 8 apellidos vascos.

Cuando Paula abrió el sobre, encontró otro vale, en esta ocasión para darse un masaje relajante de una hora. Al salir como nueva del templo del bienestar, por fin vio a Jorge. Había ido a recogerla en un descapotable alquilado. Se dieron el abrazo y el beso más largo de toda su vida en pareja. Jorge se sentía pletórico y orgulloso al comprobar el éxito de su misión. Su chica estaba preciosa con su nuevo vestido, pero ese día irradiaba una luz especial, la que él le había provocado con su agenda de sorpresas. Lo que Paula no se imaginaba era que allí no terminaría ese día tan especial ya que, al llegar a casa le esperaban familiares y amigos de toda la vida para celebrar una super fiesta sorpresa en su honor. No había motivo, ni fecha especial. No había obligación, no había un porqué, y precisamente por eso la sorpresa de las sorpresas fue la mejor de toda su vida.

POR MAYTE GARCÍA CANEIRO

 

 

 

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