De Amor, Amantes y Amigos

Revista de amor y Relatos de amor

LO IMPOSIBLE, un tsunami de emociones

loimposible

No recuerdo dónde estaba, ni tampoco lo que hacía el 26 de diciembre de 2004. Supongo que disfrutando de las vacaciones de Navidad con mi familia. Lo que sí recuerdo son aquellas impactantes y devastadoras imágenes que golpeaban violentamente la pantalla del televisor, al tiempo que nosotros, y como todos los años, aprovechábamos el exceso de comida de la noche anterior. Un maremoto, con epicentro en Sumatra, había provocado una cadena de tsunamis en varias zonas costeras, muchas de ellas turísticas, del sudeste asiático, arrasando a su paso, poblaciones enteras y dejando sin vida a miles de personas. Me imagino que comentamos el suceso con la misma distancia que los kilómetros que nos separaban de él, con esa segunda piel de insensibilidad que nos cubre, desde que nos hemos acostumbrado a normalizar y prácticamente a identificar como ficción, acontecimientos reales, por el simple hecho de verlos a través de la pequeña pantalla, con el alivio de saber que, una vez más, las desgracias, las penalidades o el sufrimiento, han vuelto a darnos esquinazo, cebándose con otros. Y como siempre ocurre, a los pocos días, la actualidad y la noticia abandonaron el lugar de la tragedia para volver a viajar y desviar nuestra atención focalizándose en otras historias más suculentas, informativamente hablando.
Después de tres años, el programa “La Ventana”, presentado en ese momento por Gemma Nierga, rescataba el suceso y abría sus micrófonos a un matrimonio español que, junto a sus tres hijos, consiguió, casi milagrosamente, sobrevivir a la catástrofe. El testimonio en primera persona resultó tan conmovedor, que el director de cine Juan Antonio Bayona, decidió reflejarlo en la que hoy es, sin duda, una de las películas españolas más internacionales y taquilleras: “Lo imposible”.

Pero más allá de la recaudación, de las nominaciones o de los premios, más allá de la espectacularidad de las imágenes, de los efectos especiales, de las magníficas interpretaciones, más allá de las opiniones favorables o de las peores críticas, estoy convencida de que, para María Belón y su familia, los 110 minutos de metraje no son más que una pequeña fotografía de carnet, extraída de un álbum lleno de emociones, sensaciones, vivencias, “imposibles” de resumir en tan poco tiempo.
Como millones de personas, fui al cine a ver la película cuando se estrenó, y sí, sentí la angustia, y se me saltaron las lágrimas, y toda la historia me pareció realmente impresionante, pero reconozco que hasta el domingo pasado, no me puse realmente en la piel de María.

Un brillante, delicado, sensible y cercano Risto Mejide, la invitaba a sentarse en un precioso y simbólico Chester azul, decorado con las mismas lámparas voladoras, con las que la familia festeja la Navidad y celebra sus idílicas y paradisiacas vacaciones, dos noches antes de que una inmensa ola cambiase su vida para siempre. Desde el principio, desde ese primer instante en el que María ve el sofá, desde su espontánea reacción, supe que la entrevista iba a merecer la pena, pero fue mucho más que eso. La química entre entrevistador y entrevistada, la suavidad y el cariño del Mejide a la hora de formular sus preguntas, la atmósfera, y sobre todo, la tranquilidad de saber que el tiempo no es el mayor de los problemas en este formato, abrieron de par en par el cajón de los recuerdos de María e incluso, podría decirse, que la trasladaron 10 años atrás a ese preciso instante, dando como resultado el relato de “Lo imposible”, en versión original. Fue tal su generosidad, su emoción y su verdad, que sentí la necesidad de volver a ver la película, que esta semana se ha emitido en Telecinco y hoy en Cuatro. Pero deseaba verla con otras gafas. No con las de “voy a ver la famosa peli del tsunami”, sino con las de “voy a intentar sentir el significado de la pérdida. Voy a darme cuenta de que un tsunami puede llegar a tu vida con forma de ola, o vestido de muerte de un ser querido, o disfrazado de enfermedad. Voy a empatizar con las personas que sufren, y no con los personajes que los recrean. Voy a dejarme llevar por las emociones de quien lo tiene todo, y en un segundo, lo pierde todo. Voy a sentir el miedo de la incertidumbre, el dolor del dolor físico y psicológico, el shock post traumático. Voy a entender que el instinto de supervivencia magnifica el límite de tus fuerzas, a visualizar el coraje de vivir, la fuerza del amor, que como la propia María reconoce en la entrevista de Viajando con Chester, es capaz de mover montañas. Y es entonces cuando me doy cuenta de lo injustas que resultan algunas críticas a las que dio lugar la película, y que la acusan de buscar la lágrima fácil del espectador, de ser excesivamente sensiblera y en ocasiones edulcorada. Reflexiono y me pregunto: ¿Qué le pasa a esta gente con los sentimientos? ¿Por qué se sienten tan incómodos con las demostraciones de afecto? ¿Cómo es posible que ni siquiera, en unas circunstancias como las que relata la película, y más sabiendo que son reales, no sean capaces de salir de su mundo y pensar, por un momento, cómo habrían reaccionado ellos en una situación similar? Al final llego a la conclusión de que existe una alarmante y muy extendida carencia de inteligencia emocional y de empatía; que se rechazan las emociones, por considerar que tenerlas y manifestarlas, no es más que un síntoma de debilidad; que la frialdad genera más simpatías porque se asocia con la fortaleza. Sin embargo, a todos estos críticos feroces de la “sensiblería”, yo les digo que son ellos los que me dan lástima, porque la capacidad de sentir, de emocionarse, de amar a los tuyos y de amar la vida, son las únicas y verdaderas armas para enfrentarte a cualquier adversidad, las únicas herramientas con las que cuentas cuando todo lo demás te ha sido arrebatado, las únicas fortalezas que te permiten seguir en pie y luchar con dignidad por tu tesoro más preciado, tu propia vida, lo único que realmente merece la pena y transforma “Lo imposible” en lo realizable. Y ese es el único y verdadero significado de la fuerza.
Ahora, y como siempre, el NavegAmor os deja unas cuantas referencias y links para que ampliéis la información más técnica sobre esta maravillosa película de catástrofe, que para mí es ya una de las más bellas historias de amor en el cine.
www.elpais.com
www.revistavanityfair.es
www.filmaffinity.com
www.blogdecine.com
www.fotogramas.es

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